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"Lord of War" y la victoria del capitalismo

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Desde muy pequeño entendí qué era meterme en una pelea; no siempre me agradaba y al principio perdía la mayor parte de las veces. Conforme fui creciendo entendí algunas maneras de imponerme a mis rivales, no solo en la pelea, sino antes de ella: aprendí a usar tácticas de intimidación para ganar antes de pelear. Funciona de muchas maneras, como darle un puñetazo a tu carpeta o a la pared, hablar calmado y mirar a los ojos, nunca perder la calma, pero no retroceder: tu oponente se sentirá desconcertado por la calma que muestras, la pensará dos veces, su mente le dirá “pero, ¿por qué está tan tranquilo? Debe ser que sabe que va a ganar”. Las peleas tienen mucho de psicológico y cuando aprendí eso me di cuenta de la teatralidad de las peleas. Esto, pensé, tiene truco. Sin embargo, no puedo asegurar que sucede lo mismo cuando sacas un arma sin intenciones de utilizarla, sobre todo ante alguien que sí la ha usado antes. Un arma cambia todo. Frente a un arma, no importa si tu opone...

"Lugares Comunes" y el dolor de la lucidez

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Estaba desayunando con mamá y hablando sobre sus padres – que fueron nocivos – cuando ella me contó de una amiga suya y su madre – también nociva. Yo, en mi inocencia, pensé que su amiga la detestaría, pero me sorprendió: la adora, me dijo. Pero no terminó ahí: cada cierto tiempo la lleva a comer a los restaurantes más caros, pero la vieja a veces deja casi todo el plato. “Mamá, ¿qué pasa? ¿No tiene hambre? ¿Quiere otra cosa?”. La vieja gruñe, niega, no dice nada. ¿Qué le sucede? La hija se dio cuenta y se lo contó a mi madre: es que odia ser vieja, lo detesta. Odia no ser libre para hacer lo que quiera. La vejez es un limitante, pero es más jodido aun cuando te has quedado con ganas de hacer más. O cuando sientes que todavía tu alma es joven; o cuando odias depender de los demás. Existen muchas razones para odiar envejecer. Y una de ellas es que el mundo te declare un inútil, mirándote con desprecio disfrazado de benevolencia, mientras espera al día en que desaparezcas. Y co...

Sacha Baron Cohen, "Bruno" y el humor al extremo

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Esta semana no he leído mucho y solo he visto una película. Ni modo: estoy avanzando mi tesis y afinando algunos cuentos, así que me concentré en el trabajo académico y creativo, dejando de lado el aprendizaje; el placer de ver una película solo lo tuve una vez, cuando por fin vi “Chungking Express” – de la que escribiré en otro momento – y leer fue, más que todo, revisar libros ya leídos. Todo esto repercutió en que desperté hoy y pensé que no tenía nada que escribir una vez más y el blog sufriría mi bloqueo. Sin embargo, se me ocurrió que hace tiempo quería hablar de un actor que representa un poco mi postura sobre ser políticamente incorrecto y las ganas de irreverencia, así que me dije, ¿por qué no?, animándome a escribir sobre este inglés y una de sus películas. Me refiero a Sacha Baron Cohen, y hoy escribiré sobre “Bruno”. La primera vez que vi a Sacha fue en “Borat”, como la mayoría de personas que conozco. Nunca vi “Da Ali G Show”, aunque cuando tomé interés en el act...

La locura, la impertinencia y la bufonada como elementos necesarios: el vacío desesperanzador de Revolutionary Road

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Hace unos días me encontré con un video que amenazaba con hacerse viral: un burro paseándose con tranquilidad en una estación de bomberos en Venezuela. Ahora, este no era un burro común, había sido llamado “presidente Maduro” entre risas por los bomberos. Las bromas eran algo ocurrentes, pero nada del otro mundo, parecidas a las que alguien con solo un poco de ingenio puede hacer a costa de alguien más. Si la broma no era tan ingeniosa, debe reconocerse que sí cargaba con un atrevimiento inspirador – aunque para algunos suicida –, pues, en la situación en la que está Venezuela, atreverse a insultar a nada menos que el jefe del país – un país arruinado y sometido a una dictadura militar –, es jugarse el futuro por algo que bien puede evitarse. Una cosa es que yo me ría de Maduro desde la seguridad de mi habitación en Lima, o que lo haga con mis amigos en un bar del centro, pero yo no estoy en Venezuela: para burlarse de alguien que ostenta todo el poder, demuestra un comportamiento...

Poco punk en una pela sobre punk: How to talk to girls at parties

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Hace un par de semanas, si es que no me equivoco, fui a visitar a un amigo mío, Germán, a su casa. Después de comer un buen arroz chaufa criollo – que no pude acabar, parece que mi estómago se encogió en Buenos Aires –, decidimos caminar hasta Miraflores para bajar la panza y conversar un rato. La caminata era desde Sagitario (no estoy seguro si es Surco o Chorrillos, creo que está entre ambos), lo que nos llevaría un buen rato. Como suele suceder en estas charlas kilométricas, tocamos todo tipo de temas, y Germán me recomendó una película. Ahora bien, yo tengo un problema: usualmente soy reacio a las recomendaciones; cuando un amigo me habla con emoción sobre algo que ha visto, leído o escuchado y me lo recomienda me tomo mi tiempo en leer, ver o escuchar. Siempre se me ocurre, ¿qué tal si no me gusta? ¿Cómo desinflarle el globo a la persona que me recomendó algo que le apasionaba? Porque nadie se conforma con “bueno, a mí no me gustó”: necesitan saber por qué. Tu juicio de valor co...

La desgracia de envejecer entre el deseo y el rencor: Desgracia, de Coetzee y su adaptación al cine

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No sé si le suceda al común de las personas, pero lo que es a mí me pasa que sufro una muy mala versión de la llamada “vergüenza ajena”: me angustio, siento que no puedo seguir mirando y a veces me pongo a pensar qué hubiera hecho en la situación angustiante. La que más puedo recordar me sucedió con “The King of comedy”, la película de Scorsese, pero no escribiré sobre esta hoy. Desde hace un par de semanas tenía previsto escribir sobre “Desgracia”, la novela de Coetzee, y también su adaptación al cine. Sucede que en estos tiempos extraños en los que nos convertimos en amos de la moral con sed de venganza y reivindicación me pareció la obra del escritor sudafricano una de las más vigentes, pero me tomé mi tiempo en ver la película. Leí la novela hace dos años, mejor dicho la devoré. Coetzee tiene el don de angustiarte a través de sus líneas. Una vez terminada, me enteré de que existía una adaptación al cine dirigida por Steve Jacobs. Escéptico – por tantas pésimas adaptaciones que ...