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Una mirada a "Minority Report", el cuento y la adaptación cinematográfica

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En mi post anterior divagué sobre cómo el miedo ha sido utilizado de tal manera que nos sentimos aturdidos ante las noticias y no queremos saber nada. Dentro de unos días comenzará el mundial y, tanto en Perú como en Argentina – mi país el primero, donde vivo actualmente el segundo – la gente desea relajarse. El precio de hacerlo es olvidar cómo nos manipulan los medios de comunicación, la política se vuelve cada vez más parodia de sí misma y las tasas de criminalidad aumentan. De aquí que surja una pregunta, una que me hice hace unos años y estoy seguro que muchos la habrán pensado si vieron las obras que analizaré: ¿es ético considerar criminal a una persona basándome en su predisposición al crimen? O, yendo un poco más lejos, si una persona pudiera retroceder en el tiempo y matar al bebé Adolf, ¿sería la persona culpable de asesinato o héroe salvador? Planteadas estas preguntas, revolveré un poco en “Minority Report”, tanto el cuento de Philip K. Dick como la adaptación de Steven ...

“La cultura del terror” en tres formatos audiovisuales: “The monsters are due on Mapple Street” (La dimensión desconocida), “Bowling for Columbine” y, al final, un video de los amigos de WHYMAPS: Como evitar el cambio climático muy rápido

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        Antes que nada, comenzaré a publicar los domingos. Voy a abrir este post con una pregunta que sonará un poco tonta, aunque creo que vale la pena hacerla en voz alta: ¿Alguna vez se pusieron a pensar en cómo las noticias parecen informarnos que todo va mal siempre? Esta pregunta un poco tonta puede ramificarse, de hecho tiene su descendencia de pequeñas preguntitas que saltan en su sitio, esperando a ser respondidas: ¿Realmente todo va tan mal? ¿Soy yo, o es que el mundo va cada vez de mal en peor? ¿De quién es la culpa? ¿Por qué el crimen y el peligro empeoran cada vez más? Tengo mis propias tesis acerca del crimen y sus motivaciones – y me refiero a robos y asesinatos ejercidos por gente “común”; a los políticos y las megacorporaciones las considero en una esfera diferente, relacionada con la esfera anterior, pero en diferentes círculos después de todo –, pero eso no quiere decir que sea de aquellos que piensan que el mundo va cada vez peor, mientras sue...

Desde “La casa de las bellas durmientes”, hasta “Sleeping Beauty”: el erotismo y la impotencia

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Cualquier clase de inhumanidad se convierte, con el tiempo, en humana . Frase significativa que presagia el final de “La casa de las bellas durmientes”, de Yasunari Kawabata. La primera vez que supe de la existencia de esta novela fue gracias a Gabriel García Márquez, por esas relaciones intertextuales que tanto me fascinan: me regalaron “Doce cuentos peregrinos” en mi cumpleaños número diecinueve y, cuando llegué a “El avión de la bella durmiente” – si conocen el cuento y pueden identificarse con la situación de verse delante de una belleza que enmudece y petrifica al observador, sabrán de lo que habla el narrador –, no solo me pregunté qué hubiera hecho yo en su situación, que a ratos soy tímido y en otros aventado, sino que me sorprendí ante el pasaje en el que el narrador decía que “en la primavera anterior había leído una hermosa novela de Yasunari Kawabata sobre los ancianos burgueses de Kyoto que pagaban sumas enormes para pasar la noche contemplando a las muchachas más bellas...

"Viaje al fin de la noche" y la "obligación" contemporánea de ser una buena persona si eres un artista...

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Recuerdo que hace unos meses hablaba con un amigo sobre libros y películas, barajando nombres, exponentes que considerábamos los mejores en su género. Me hizo reír algo que me preguntó, porque va de la mano con lo que mucha gente, más que nunca en la actualidad, considera como una relación obligatoria entre el objeto artístico y el artista: "¿por qué será que te atraen tanto los hijos de puta?" Pregunta necesaria según su punto de vista; yo pensé que nunca le había dado tanta bola a esa idea: sí, tenía entre mis escritores y cineastas favoritos a individuos que, al margen de su genialidad, tenían una historia turbulenta. Pero, sinceramente, no veía “Manhattan” y pensaba en aquel hombre malvado y anteojudo que se metió con su hija adoptiva; cuando veía "Dogville” disfrutaba y padecía el dilema de la elección contra las circunstancias, el viejo dilema de entorno y resiliencia. En mi mente no estaba el hecho de que Lars fuera racista o, como se supo hace poco, acosara a B...

Strange Days o el juego de la memoria

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“Strange Days” (1995), dirigida por Kathryn Bigelow – quien dirigió la recordada Point Break: ustedes saben, la pela que nos hizo pensar en surfear y reír con el golpe que propina Gary Busey (Pappas) a John C. McGinley (el director Harp y, en el futuro, Dr. Cox en Scrubs) por “no respetar a sus mayores – y escrita por James Cameron (Alien, Terminator, The Abyss, director archiconocido) y Jay Cocks (cuyo apellido me hizo reír y tuve que buscar en Wikipedia quién era, lo que me hizo sentir avergonzado), es una película a la que no mucha gente le presta atención, pero me parece, como muchas otras que pertenecen al final del siglo XX, una película más que interesante que, con perspicacia, lee lo que sucederá en el futuro – el que estamos viviendo ahora. Aquí una de las escenas memorables de "Point Break" Si viste “Eternal Sunshine of the Spotless Mind” y eres de los que, como yo, sigues “Black Mirror” – y tal vez piensas que el formato Netflix es más amable y quieres ...